La hipocresía del no habitar: “Arquitectura hostil en espacios públicos”



Cambios económicos, tecnológicos y sociales están modificando nuestra estructura social y nuestra concepción y uso del espacio público. La arquitectura hostil es un recurso creciente que decide “por nuestro bien” quién y para qué puede utilizar el espacio.


 

A modo de definición, puede describirse la arquitectura hostil o defensiva como un recurso del diseño de espacios públicos en el que se aplican una serie de modificaciones con la finalidad de desalentar su utilización indebida. La siguiente pregunta debería ser, por tanto, ¿Cuál es su utilización indebida?

 

 

Bancos con apoyabrazos metálicos que no permiten recostarse, materiales punzantes debajo de los puentes que impiden refugiarse de las condiciones climáticas y bolardos similares a balas de cañón que minan el espacio son algunos ejemplos de la “arquitectura hostil”, un tipo de diseño urbano cada vez más presente en las grandes ciudades de Argentina y del mundo, que especialistas consideraron como “deshumanizante” al propiciar la expulsión y segregación de determinados grupos sociales del espacio público.

 

 

Tras los pasos de ciudades de España, Reino Unido, Japón, Estados Unidos y Canadá, entre otros países, distintos lugares en la Argentina tienen cada vez más ejemplos de esta arquitectura, para algunos denominada “defensiva” y para muchos otros “hostil” o “desagradable”.

 

 

Si nos centramos en el campo de la arquitectura hostil, su misión principal es evitar la ocupación de los espacios por vagabundos o personas sin hogar. Sus mecanismos son sutiles, pero si se presta atención podemos apreciar un aumento de bancos con diseños “originales”, con superficies de apoyo curvas, reposabrazos intermedios o directamente con un formato individual, para impedir que nadie pueda dormir en ellos. También han aumentado las bandas de pinchos o picos salientes en superficies como escalones, alféizares o patios cubiertos, y las rejas en soportales y zonas cubiertas.

 

 

¿Son estos mecanismos una solución al problema? A un nivel particular de propiedad, es posible que sí, pero a un nivel general de espacio público, desde luego que no. Obviamente, la pobreza y el sinhogarismo no van a disminuir por estas medidas hostiles, sino que, de hecho, los vertiginosos cambios en los modelos sociales, tecnológicos y económicos están aumentando las tasas de pobreza y dejando a mucha gente fuera del sistema. Hay que observar, además, que conforme vemos aumentar la desigualdad social asistimos a un fenómeno de segregación del espacio público y de los ciudadanos, donde queda cada vez más claro quién no es bienvenido.

 

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