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Mientras Argentina supera los 800 puntos de riesgo país, Milei ocupado en “la Noche de la Celebración por Israel”

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El retorno del abismo: la ceguera colonial frente al termómetro del 2001

La alarmante escalada del riesgo país por encima de los 800 puntos básicos expone la fragilidad de un modelo económico asediado por la desconfianza global, trazando un peligroso paralelismo con la antesala de la crisis de 2001, mientras la gestión del presidente Milei profundiza su desconexión social bajo un sesgo anarco-colonialista que prioriza la subordinación geopolítica sobre la urgencia de un escenario en desarrollo interno de saturación cotidiana de una nueva mayoría de argentinos.


 

       Por Oscar Dufour | (*) 

 

La historia argentina insiste en rimar de la forma más trágica. Mientras el riesgo país perfora la barrera psicológica de los 800 puntos básicos, situándose en un alarmante espiral alcista que los mercados globales ya no pueden disimular, la conducción del Estado ensaya una desconexión periférica que evoca los peores fantasmas de nuestra historia reciente. La frialdad de los números macroeconómicos no es un dato técnico; es el preludio de un probable o posible estallido social cuya coreografía ya ensayamos en los albores del siglo XXI.

 

Argentina, diciembre de 2001. (foto de archivo)

 

El paralelismo con la antesala del 2001 ha dejado de ser una advertencia de analistas para convertirse en una realidad ya palpable en las calles de Argentina. Aquel indicador elaborado por JP Morgan que hoy vuelve a encender las alarmas es el mismo termómetro que midió la agonía de la convertibilidad, el mismo que precede al colapso de las reservas y al estrangulamiento de las clases medias y populares.

 

La conflictividad social, latente pero en franca aceleración, comienza a manifestarse en incidentes urbanos que demuestran que el tejido social no resiste más experimentos de laboratorio.

 

Frente a este abismo, el Gobierno ensaya una doctrina inédita de cinismo y entrega. El experimento anarco-colonialista del presidente Javier Milei parece más ocupado en la sumisión geopolítica y en la sobreactuación de alianzas extranjeras que en la administración de una crisis interna que devora salarios y destruye el aparato productivo. Mientras el país se desangra económicamente y la desconfianza de los inversores internacionales sepulta cualquier promesa de reactivación, el mandatario busca refugio en distinciones de gratitud foránea, evidenciando una desconexión total con la urgencia del pueblo que gobierna.

 

Esta noche, el presidente Milei brindó un discurso en “la Noche de la Celebración por Israel” y reafirmó su alianza con el Gobierno de Benjamín Netanyahu, en vísperas de lo que se anticipa una derrota electoral de Trump.

 

La soberanía no es un concepto abstracto; es la capacidad de un pueblo de decidir su destino sin tutelajes ni fanatismos ideológicos importados. Un Ejecutivo que entrega los recursos estratégicos, que rinde pleitesía a intereses globales mientras ignora el ruido de sus propias calles, no es más que una administración colonial vestida de vanguardia libertaria. El riesgo país en 805 puntos es el veredicto del propio sistema financiero internacional que el oficialismo idolatra: un grito de desconfianza ante un modelo sustentado en el vacío.

Si el gobierno del presidente Milei persiste en ignorar el termómetro de la calle y de los mercados, la memoria histórica del subsuelo patrio se encargará de recordarle, más temprano que tarde, cómo terminan los proyectos que confunden la gobernabilidad con el mesianismo.

 

Esta noche, el presidente Milei brindó un discurso en “la Noche de la Celebración por Israel” y reafirmó su alianza con el Gobierno de Benjamín Netanyahu, en vísperas de lo que se anticipa una derrota electoral de Trump.

 

En conclusión, el regreso del riesgo país a los 805 puntos básicos funciona como el veredicto definitivo de un mercado que ya no compra las promesas del oficialismo, desnudando la inviabilidad de un proyecto anarco-colonialista que entrega la soberanía mientras ignora las alarmas de su propio colapso.

La historia argentina demuestra que la desconexión mesiánica y el desprecio por el tejido social son el combustible directo de las mayores crisis de nuestro pasado. Si la gestión de Javier Milei insiste en mirar hacia el extranjero mientras el subsuelo de la Patria ruge en las calles, el inevitable paralelismo con el 2001 dejará de ser una advertencia histórica para transformarse, una vez más, en nuestro destino inmediato.

 

Los que quieran oír… que oigan

(*) Oscar Dufour es escritor, periodista y ensayista Argentino. Presidente © Grupo Agencia del Plata. Columnista de medios internacionales. Vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Moreno – Provincia de Buenos Aires  🇦🇷   

 

© Grupo Agencia del Plata, todos los derechos reservados

 

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